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Por no hablar de hortera, la habitación en la que estuve este fin de semana. No daré más pistas sobre cierta ciudad castellana que recibió la visita del Príncipe, sino tan sólo que la cama del hotel tenía dosel. Sí, sujeto con espantosas columnas salomónicas, y con entretelas de impagables flores rojizas. Horterismo hotelero en la Castilla ancha. Pero dio igual. El polvo en cama con dosel, incluído el juego erótico de los espejos, no pudo ser mejor.
Me gusta follar y verme. Como me gusta ver a otros follando, ciertamente. Pero en una cama de dos metros, observar como tu polla se introduce con armonía en el coño húmedo y deseoso hace el entorno satisfactorio.
Pensé inmortalizar el momento, pero tampoco hizo falta. Mi retina ya quedó marcada como para recordar una comida de coño golosa, un polvo boca arriba y un cuatro patas de los que hacen época, cual Príncipe renacentista en un lecho gigantesco.
Grande, tanto que anoche, de rodillas de nuevo, en medio de un salón mucho menos cómodo e infinitamente menos hortera, volvía a descargar mi polla hasta sentirme saciado y completo. La verdad es que sigo sin comprender cómo hay gente que no disfruta con el sexo. A la postre es mucho mejor que cualquier otra distracción. Y de la que se aprende mucho más, incluso de decoración... |