Hoy es San Isidro, y aunque me repatean las fiestas populacheras debo reconocer que hasta me he paseado por la Pradera Isidril. De vez en cuando es necesario zambullirse en el casticismo durante unos instantes para renovar la fé en el antipopulacherismo.
Algo así como setecientos millones de personas torrándose al sol, fulanitas vestidas con una especie de camisón a lunares que intenta mostrar curvas y lo tapa todo, mendas de gorrita y chaleco pastoril y ceporros a la búsqueda del entresijo requemado o la gallineja odorífera... Y la verdad es que, pradera, lo que se dice pradera no es. Más bien un parque de taludes por el que aparecen otros cuantos miles de perroflautas con más ganas de follar que capacidad para ello.
Pero lo mejor está por llegar esta noche. Una que hace gorigoris, investigada por posible choricismo, pagada con lo que ha sobrado de agujerear este rompeolas del Manzanares, para mayor gloria del españolísimo ex-fiscal. Y entre medias artificios en forma de fuegos fatuos a la vera de un río que merecería que le dejaran en paz, políticos y hasta habitantes.
Y en medio de todo, este jodido Principito sobando casi todo el día. Al menos he recargado algo las pilas de la tortura porculizadora que duraba hasta ayer. Visto que en fiestas estamos pasearé un rato mi colita esta noche. Quién sabe, a lo mejor el espíritu de la Paloma urbana me invada... |