Querido diario...

Querido diario?

Soy yo, Samatha?

Sé que hace mucho que no escribo. Prácticamente 15 años. Te he tenido olvidado y enterrado en una caja, en el trastero. Pues he vuelto, sólo para decirte que voy a llevar a cabo aquello que más deseo. Lo único que me dán ganas de vivir. Empiezo por el principio. Quince años? Dan para mucho?

Ayer a la noche recibí una llamada. Mi prima se casa. ¡Menuda noticia! Por fin se casa. Y porque ella le pidió que se casara a su novio de hacía 10 años sino él no lo había hecho. Pues bien, a lo que iba. Me ha llamado y me ha dicho que sería muy feliz si fuera a su boda. No he podido decirle que no.

He pedido a la jefa unos días de descanso. Pero me ha recordado que todavía no había tomado mis vacaciones de ese año. Así que me fuera, durante dos semanas a donde quisiera. Soy la ejecutiva jefe de una revista muy famosa de moda y estilismo. Mi trabajo es mi vida. Me vine hace 15 años a esta encantadora ciudad de Sudamérica desde España. ¿La razón? Muy pronto la sabrás. Fue un día antes de que dejase de escribir. Aquel día trágico que cambió mi vida. ¿Recuerdas?

Desde entonces he sido toda una profesional en mi carrera. Adoro mi trabajo. Por mi vida han pasado muchos? muchos?pero es que muchos hombres. Incluso alguna mujer. Por excelencia, está mi amiga Blanca. Vivo con ella.

Hace dos noches hicimos lo que solemos hacer cuando nos aburrimos ambas en casa. Nos pusimos la ropa más ceñida que encontramos en el armario, yo me puse un vestido muy corto y muy escotado, enseñando la espalda de lentejuelas verdes, me solté mi larga melena y nos fuimos de discoteca sin ropa interior.

¡Qué todavía no te he dicho como soy ahora! Pues? he cambiado desde los 18 años. Tengo el pelo largo y lacio de color castaño claro. Mi piel es de un moreno casi dorado. Mis ojos son verdes esmeralda y grandes. Mi boca es apetitosa (o eso dicen jejeje), mis labios carnosos y rosas pálidos hacen ser deseados con un poco de carmín, aunque sea vaselina. Mi cuerpo es esbelto. Diez años seguidos haciendo gimnasia se notan. Cintura estrecha, cadera ancha, pechos turgentes, vientre plano, piernas largas. No es porque sea yo? pero mi rostro es muy hermoso y mi cuerpo es de infarto.

En aquel ceñido vestido verde, con mi melena suelta, un bolso de mano y unos zapatos de color dorado con alto tacón nos fuimos. Estuvimos por la discoteca filtreando con unos y con otros. Blanca también es realmente guapa. Así que no sabría decir quien atraía a más hombres. Una a cada extremo del lúgubre lugar nos deshacíamos de los plastas y nos acercábamos a los esculturales. Finalmente de que hubiéramos tenido éxito en nuestra búsqueda. Nos acercamos la una a la otra desde los extremos de la discoteca y nos empezamos a enrrollar. Nos besábamos incansablemente mientras todas las miradas atónitas iban y venían de mí a ella. Deseadas tanto por hombres como por mujeres. Nos metíamos levemente mano haciendo ver ?accidentalmente? a los demás que no llevábamos ropa interior. Sus miradas intensas hacían que me excitara más. Lleve mis dedos lentamente por sus muslos hasta su vagina. Noté lo húmeda que estaba. Me separé suavemente de ella mientras lamía mis dedos de sus jugos. Observas a nuestro alrededor como tantos y tantas estaban también bien húmedos mirándonos fijamente. Nos dimos la vuelta. Cada una señaló al afortunado que había elegido anteriormente. Yo elegí un tipo poco musculoso, pero de buen ver, alto y bastante guapo, incluso con las pocas palabras que habíamos cruzado me pareció inteligente. Después de que nuestros seleccionados se dieran por aludidos nos fuimos las dos parejas a un hotel de lujo.

Blanca y yo entramos primero. Era nuestra habitación favorita, siempre eligíamos la misma. Nos arrodillamos en la cama y comenzamos a besarnos insaciablemente, magreábamos nuestros pechos con rudeza. Lamíamos nuestros cuellos mientras nuestros compañeros de aventuras nos obserban. Me acerqué a mi elegido mientras Blanca hacía lo mismo. Le bajé los pantalones y tomanto su miembro entre mis manos comencé a lamerlo con delicadeza. Estaba muy húmedo. Al chico olía muy bien era una mezcla de anís y miel. Le dabas suaves lametones mientras con mis manos recorría toda su verga y masajeaba expontaneamente sus testículos. Mmmmmhhh?. No sé quien lo estaba disfrutando más pero algo que me encantaba hacer. Oí gemidos al otro lado de la habitación. Blanca sabía mejor que yo dar placer, al fin y al dabo yo soy su aprendiz. Mi compañero cada vez estaba más excitado. Pronto se correría. Aquello me pareció una falta muy grande de modales. Primero debe quedar satisfecha la mujer. Al primer movimiento de separarme de él Blanca me imitó y se acercó a mí. Se tumbó en la cama y yo sobre ella. Comencé a desvestirla suavemente mientras besaba su sedosa piel. ¡Será guarra! Utilizó mi gel de piel sedosa. Le mordí un pezón en forma de venganza y ella dio un gemido entre placer y dolor. Me sonreí. Estábamos tan calientes que cualquier cosa se convertiría en placer. Besaba su piel mientras ella me quitaba mi minísculo vestido. Nuestros acompañantes nos rodearon en la cama y siguieron masturbándose solitosmientras contemplan tan mágnificas bellezas en una situación muy muy erótica.

Mi compañero me tomó de la cintura y me atrajo contra él. Deseaba tanto penetrarme. Lo abofeteé y como si aquello le excitara más se corrió contra mis senos. Su cálido esperma recorría mi sudorosa piel. Eso me hizo que me enfadara además de que me excitara aún más. Me levanté. Lo miré como una leona enjaulada. Me puse delante de él y lo empujé contra la cama tirándolo contra Blanca, la cual se había retirado previamente al ver mis intenciones. Quería castigarlo pero todavía no sabía cómo. Blanca que se había ido hacía su bolso me lanzó su arnés que tanto le gustaba utilizar conmigo. Le gustaba sentirse como un hombre al penetrar. Me puse el arnés y el muchacho me miró aterrado. Sonreí maliciosamente, acaricié con cariño su mejilla y le susurré con dulzura:


-Vas a aprender que aquí quien manda somos nosotras. Y ahora date la vuelta

Se puso a cuatro patas. Blanca comenzó a chupar mi pseudopene mientras su compañero le lamía con dedicación su ano suavemente como le había indicado ella.


Mi compañero seguía esperando su castigado. Fui penetrándolo poco a poquito por detrás. Me sorprendió lo pronto que se había metido. Parecía que no era la primera vez. Me agarró a su cintura mientras lo penetraba con fuertes embestidas escuchándolo gemir de placer y dolor. Blanca hacía un 69 con su compañero mientras tenía un vibrador en el ano con el cual él jugaba divertido.


La habitacion era un nido de gemidos, jadeos, líquidos,? Mi compañero ya sólo gemía de placer una y otra vez. Ya no se sentía humillado pero no importaba. Estaba a punto de llegar al clímax. Blanca observaba a mi compañero recelosa de que me diese placer. Se acercó a mí y comenzó a mamar con violencia mis senos mientras su compañero recorría con su lengua su espalda. Llegué al borde de mi excitanción corriéndome bajo el arnés, mis jugos se escurrían por mis muslos. Blanca se puso a lamer mis muslos con dedicación. Me dejé caer sobre la espalda de mi compañero

Al acabar, nuestros compañeros quedaron dormidos sobre la cama.

Blanca y yo nos miramos. Nos sonreímos cómplicemente. Cogimos nuestros bolsos y nos fuimos. Les indiqué en recepción que los dejaran dormir que después les preparanse una variada cesta de frutas para cada uno.

-Todo un detalle


Dijo Blanca con malicia. Me sonreí como la arpía frígida que soy


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