Resaca de camaTodos nos hemos despertado alguna vez al lado de alguien que más nos valdría no recordar. Alguien por quien, como decían en el Bar Coyote, preferirías arrancarte el brazo para salir huyendo antes que despertarle y enfrentarte a lo que sin duda sería un capítulo interminable de tu vida sexual. ¿Cruel? Y si tu papel es el de Torrente o el de Bea la fea, o peor aún, y si es recíproco. La lujuria nos juega muy malas pasadas, aunque bendito sea el alcohol que afortunadamente nos sirve de excusa la mayor parte de las ocasiones.
Te despiertas con los rayos del sol y la brisa veraniega que entra por la ventana; te desperezas mientras empiezas a notar ese ligero dolor de cabeza y la sequedad de garganta; miras a tu lado y entre las sábanas sobresalen un brazo y una maraña de pelo, y te preguntas ¿qué coño hice yo anoche? Intentas vislumbrar la cara de esa persona por la que anoche sentiste que flotabas y que ahora te da más miedo que el malo de Scream y... ¡bingo!, la susodicha se gira permitiéndote ver a –paro cardiaco- ¡una supermodelo! Y claro el primer pensamiento es obvio: ¿dónde está la cámara de fotos?, porque esto no se lo creerá ni un amigo tuyo. Pero el segundo es levantarte a toda leche para arreglarte en el baño, lo justo para no parecer el cavernícola de todas las mañanas.
Porque no lo neguemos, olvidar a algunas de las personas con las que nos hemos acostado puede ser duro, pero que jamás se diga que alguien ha intentado olvidar que se acostó contigo. Eso ni en broma. |