Su culo es miel |
Su culo es mielEsta historia comencé a escribirla en borrador, dentro del blog, hace ya algunos meses (finales de verano). Dos semanas después de empezar a escribirla, la pareja protagonista... bueno, os lo cuento después de la historia. Esta vez, a ella la llamaremos Ana, ¿ok? Ana me pone muy cachondo desde siempre, tiene un cuerpazo, y una cara de cachonda que te tumba... pero tiene un inconveniente(sólo uno): Tiene novio. Pero no es un tipo cualquiera, ese tío es colega mío. Y por eso me obligo a no fijarme en ella. La historia comienza en un Pub de jóvenes. Esa noche había bebido hasta alcanzar un estado de embriaguez guay. Entré con mis colegas... y nos encontramos con Josu y Ana, la parejita. Alguien me comenta al oído algo que ya todos sabemos, algo así como "-Esos dos llevan ya cerca de dos años juntos, nunca se separan." [Josu es un nombre feísimo, pero bueno, existe] Nos acercamos al enorme sofá donde estaban sentados sólo ellos dos, y todos tomamos asiento mientras algunos se acercaban a la barra. La conversación estaba algo aburrida, recuerdo que estábamos hablando sobre fútbol... Las cervezas que llevaba más los chupitos que tomé hicieron efecto en mi vejiga, y tuve que buscar el cartel de los servicios, que me mandó subir las escaleras. El servicio de caballeros era una habitación espaciosa pero con un sólo compartimento. Además, constaba de pestillo. Entré, pero no cerré la puerta. Llevaba el tanque lleno, tardé casi 2 minutos en vaciarlo. Me acerqué al lavabo, yo soy muy maniático y no puedo aguantar sin lavarme las manos luego de mear. Estaba mirándome al espejo mientras el motor del secamanos me impedía oír el ruido exterior. Fue entonces cuando vi el reflejo de la puerta abriéndose... era Ana, que se sorprendió y se disculpó: --Perdona tío, creí que estaba vacío. El otro baño está ocupado... --Tranquila, acabo de terminar, me estaba lavando las manos[me gusta recalcar delante de las tías que soy un hombre pulcro]. Pasa, pasa. --Vale... La dejé pasar y salí afuera. Cuando ella estaba cerrando dijo: --Espérame... no te vayas. --Vale, te espero aquí-contesté-. Observé que no cerró el pestillo, y me la imaginé limpiándose sus labios de pie, en aquel cuarto de baño. Me estaba empalmando. Abrió la puerta y le sonreí. Ella no se había lavado las manos. De nuevo en aquellos sofás, me dí cuenta de que ella me miraba constantemente. Yo siempre solía mirarla de reojo, para fijarme en esas tetas perfectas o aquel dulce culo que suelen tener las deportistas... y esa noche me miraba también ella. Varias veces me encontré con su mirada, y ella me guiñaba el ojo. Ana aprovechó el momento en que Josu y algún otro colega fueron a pedir otra cerveza para sentarse junto a mí. Pasó su brazo por detrás de mi cuello... y yo cada vez la tenía más dura. Pero esta vez me puse rojo de verguenza por lo incómodo de la situación, algún colega empezaba a mirarme mal. Afortunadamente, Josu no es celoso, y además ya iba bien borracho. A la mitad de la noche, un poco antes de irnos de aquel pub, razoné que la situación era ridícula... ¿qué pretendía Ana? Me estaba calentando la polla de una manera... Cuando salimos de allí, nos fuimos a la playa. Algunos amigos míos suelen rematar la borrachera con un porro, y la poli de aquí es demasiado estricta como para ponernos a fumar en medio de la calle. Sólo quedábamos unos pocos, éramos cinco en total y Josu y los otros iban ya muy ciegos. Yo también había bebido bastante cerveza, pero aún incluso podía mantener mi pene erecto. Nos apalancamos los cinco en la arena, tumbados bocaarriba, mirando las estrellas. Me dí cuenta de que Ana y yo estábamos más separados de los otros tres, e hice el intento de incorporarme, pero el brazo de Ana me detuvo. Acercó su boca a mi oreja: --¿Qué haces? Quédate aquí-me dijo con una voz cachondísima. Me entró remordimiento de conciencia, pero seguí allí tumbado. Su mano comenzó a tocarme el pelo... mis colegas ya estaban a puntos de caer dormidos. Por aquel entonces, había buen ambiente, el aire era más bien cálido... mis amigos no morirían de frío si no los llevaba a casa. Fue entonces cuando Ana me pidió que diéramos un paseo. Me levanté de repente, fijándome en su cuerpo, y con un gesto con la cabeza le indiqué que fuéramos. La playa estaba completamente vacía. Cuando estábamos tan lejos de aquellos tres como para no distinguir sus siluetas, nos volvimos a tumbar, esta vez nosotros dos solos. Y pasó directamente a la acción. Yo iba ciego ya, así que nada me impresionaba... Se tumbó encima mía y comenzó a besarme. Con los ojos cerrados, mi mano se dirigió directamente a sus piernas. Tenía la piel lisa y las piernas duritas, su culo era... su culo es miel. Su pelo me rozaba la cara. Paró de besarme para lamer mi cuello, y empezó a tocarme el nabo, separado de su mano como estaba por aquellos boxers y un pantalón que todavía conservo. Fue algo rápido; todo eso me demostró que está loca, mal de la cabeza. Quizá ella se arrepintiera, pero yo no. Me encantó. Perdimos el contacto, quizá por verguenza a que alguien pudiera averiguar lo que ocurrió esa noche. Dos semanas después de comenzar este relato, como decía, Josu y Ana cortaron, se sospecha que por motivos de cuernos. |
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